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miércoles, 18 de febrero de 2026

“Tío” Julián Chacay”: Un referente de la agronomía guaraní

 

Por: Elías Caurey

 


Julián Chacay Manuel (1950-2026), más conocido como “Tío” Julián, fue un connotado Arakua Iya (poseedor de la sabiduría) y un referente de la agronomía guaraní. Nacido en el Gran Kaipependi Karovaicho, para desde ahí recorrer gran parte del territorio de la Nación Guaraní y quedarse en Charagua Iyambae.

Para los que hemos tenido la fortuna de compartir con tío Julián, sabemos que daría para escribir varios libros sobre sus aportes. Conversar con él transmitía un aura de tranquilidad, como si el tiempo detuviera sus pasos y, con esa peculiar sonrisa, sus palabras tocaban el “pɨa”.

Conocí a tío Julián cuando yo tenía 12 años, él trabajaba en CIPCA Cordillera y en esa ocasión visitaba Ipitakuape, mi comunidad. Su peculiar forma de explicar, una pedagogía muy guaraní y su pasión por la agronomía, pero desde una perspectiva guaraní fue lo que me marcó. Admiré su sapiencia y, más aún, por la forma de explicar utilizando el idioma guaraní. Por eso, siempre fue un honor escucharlo en diferentes espacios; nunca me dijo no a la invitación que le hacía para que vaya a compartir sus conocimientos con los jóvenes, la ultima ves lo tuvimos, en junio del 2025, en ocasión del estreno del mediometraje “Tarema. Guardian del territorio Charagua Iyambae” que hemos producido con la Escuela de Periodismo Indígena. Su mensaje fue claro, sigamos difundiendo “nuestra forma de ser desde nuestro ñande reko y con nuestro ñee”.

En estos momentos, las palabras me quedan cortas para escribir sobre tío Julián; pero lo llevo muy presente como un referente de la agronomía guaraní. Las palabras que ahora me salen desde el “pɨa” son las siguientes:

Aipoko temitɨ reta ipɨatɨtɨ oï,

che, jaenungavi chepɨatɨ aï;

nde pukaviɨ omoröɨsata orepɨa

ama mbaereta omoingove rami.

 

Nde ñee omboesapeta ore tape,

korokochi pɨtu rupi rami;

ɨvɨ ipuruaguɨ,

remboɨuta ñande reko guaraní rami.

Las plantas deben estar tristes,

al igual que mi tristeza;

tu sonrisa consolará nuestras tristezas,

como la lluvia revive la vida de los seres.

 

Tus consejos serán luz en nuestro sendero,

como la luciérnaga en la noche;

desde el ombligo de la tierra,

regarás nuestro modo de ser guaraní.


Territorio Guaraní – Charagua Iyambae – Bolivia

18 de febrero de 2026

jueves, 23 de enero de 2025

P. Tarcisio Ciabatti "Taturapua"

Por: Elías Caurey

Foto: Wilber Cossio (14-07-2017)

Escribir sobre el Padre Tarcisio Dino Ciabatti (1935-2025), más conocido como “Taturapua” (Armadillo) en el mundo guaraní, nos llevaría a armar un libro de muchas páginas. Una tarea que, esperemos, pronto hacerlo.


Hoy nos llegó la noticia de que Taturapua, de 89 años, partió al Ɨvɨ Maraëɨ (Tierra sin mal). Su legado nos queda como referencia para seguir caminando en aras de fortalecer el yaiko kavi päve (para vivir bien) entre lo espiritual y material.


Taturapua fue impulsor de muchas iniciativas, de las que podemos destacar: la Escuela de Salud “Tekove Katu”, el Convenio de Salud entre el Vicariato Apostólico de Camiri y el Ministerio de Salud, la Red de Laboratorios del Chaco, investigaciones en salud con la Universidad de Florencia (Italia), la Orquesta de música de Palmarito y Santa Rosa de Cuevo, y su apoyo permanente a la Asamblea del Pueblo Guaraní “Yemboatɨguasu” (APG).


Aún no podemos albanar las ideas con los sentimientos y con las palabras para escribir lo que significó Taturapua en lo personal. Pero, para tener una idea de quién fue Tarcisio, ahí les dejó lo que escribimos el 2009 con Elio Ortiz (cherɨkeɨ – mi hermano mayor) en el libro “Tekove katu. Educación en salud en el Chaco boliviano”: 

"... Tarcisio Ciabatti se ubicó en una parroquia pequeña de población blanca y mestiza (Gutiérrez), pero demográficamente minoritaria con respecto a la extensa población guaraní que la rodeaba. Si bien ‘técnicamente’ figuraba casi siempre como párroco de este antiguo pueblito karai, su apego al guaraní marcó el rumbo de sus emprendimientos. Escogió a Ipitacito del Monte como su ‘centro de operaciones’ y punto de irradiación de la renovada visión eclesial sobre el guaraní y su mundo étnico.

La imagen que proyectaba Tarcisio ya no era la de aquel misionero de hace dos o tres siglos: intolerante, etnocéntrico y etnocida, sino exactamente lo contrario, la de ser, sobre todo, altamente revolucionario y defensor de los derechos colectivos, hasta el extremo de que intentó vivir en la filosofía guaraní.

A diferencia de Siquier, éste prefirió centrar su atención en algo más concreto, la problemática de salud, o en todo caso, hacer del tema “salud” un motivo importante de generación de ideas o de construcción ideológica; lo que después llegaría a concretarse en la compleja arquitectura, hoy llamada Tekove Katu. Es más, a diferencia de Siquier que se inclinaba más por la “cultura”, Tarcisio es más socialista que culturalista; su visión claramente revolucionaria y contestataria lo llevó a ser muy influyente en la dinámica política de la APG y en los momentos más determinantes de su historia; fue el que más ministros y funcionarios estatales atrajo a los guaraníes a través del sistema de salud, el que más movilizaciones sociales y políticas apoyó con “su gente” (enfermeros y estudiantes de la Tekove), el que más aportó en las alianzas estratégicas entre grupos sectoriales, etcétera. Llegó a comprender muy bien la dinámica sociocultural, y supo aprovechar sus potencialidades, involucrarse, dejarse entender, compartir sueños e ideales y ajustarse a la dinámica del grupo.

Sus mejores armas fueron en su inicio los jóvenes enfermeros (medianamente formados en cuanto a técnica, pero muy bien armados en lo ideológico) que actuaron durante los años ochenta y noventa como verdaderos “diseminadores” de las nuevas ideas. Ellos participaron activamente en la histórica marcha indígena de 1990 (algo inusual para el guaraní de entonces), encabezaron los principales movimientos nacionales y se convirtieron en verdaderos portavoces y co-gestores de las iniciativas filosóficamente gestadas en el núcleo ‘tarcisiano’.

Pero algo que a Tarcisio lo hace único y que va más allá de la simple convicción y entrega es el Tarcisio humano. Esencialmente, es un sujeto polifacético e imposible de definir con palabras; pero lo que más resalta en él es su paciencia singular, su capacidad de tolerancia (admirable), su sencillez y su jovialidad, su destreza para construir amistades, la flexibilidad extraordinaria que tiene, su habilidad para adaptarse al tiempo y a las circunstancias, su carisma, su poder de convencimiento, etcétera. Todo aquello que en parte lo asemeja mucho al guaraní y que hizo que se integre bien en todo y en cualquier rincón de la sociedad guaraní. Ésa quizás sea su mayor virtud, probablemente la médula esencial de su Tekove, el avanzar al ritmo de la gente y como la gente quiere.

Tarcisio es conocido como el interculturalista. La talla intercultural de la Tekove es la medida exacta de Tarcisio Ciabatti, cura, amigo y un “taturapúa” (armadillo, nombre que le fue otorgado en señal de aceptación social), en discurso y practicidad. Es casi imposible hablar del tema sin la figura de este personaje. Tarcisio comenzó siendo interculturalista aun sin que la palabra y la definición existiesen, con eso de que él llama “la astucia…”, que consistía en comenzar primero formando a los karai y luego pasar al bando guaraní y consolidar un grupo ‘especializado’ en atención primaria de salud de la época.

El primer grupo étnico con el que el mundo guaraní tomó contacto, vía Tarcisio, fue el guarayo (parcialidad sociolingüísticamente más afín al guaraní o como ellos mismos autorreconocen, como “parientes cercanos”), incluso antes de la consolidación de la APG (durante los años setenta). Los flujos de relación entre estos dos pueblos ya daban buenos indicios. Por ejemplo, cuando comenzaba a gestarse la (CIDOB) Confederación Indígena del Oriente Boliviano fueron los guarayos los aliados más decisivos de los guaraníes. A fines de los ochenta y principios de los noventa, el nombre de José Yobanore (guarayo) comenzaba a sonar muy fuerte en la región

de Gutiérrez. Se trataba de un joven de profesión radiotécnico que, por la amistad con otros guaraníes, llegó a esa región para convertirse luego en el prototipo ideal de guarayo (que no se diferenciaba en nada de los guaraníes más que en el hablar). De esta manera, se rompió la estereotipada percepción que los guaraníes tenían de éstos. Yobanore se convirtió en el primer nexo de conexión entre dos pueblos. Como él mismo sostiene, “En el fondo, todos los indígenas de las tierras bajas comparten algo en común en el plano cultural…”: la cosmovisión, el sistema social, el complejo simbólico, etcétera. Poseen la misma cultura, aunque en su forma externa y en los rituales difieran un poco. A eso sólo hay que agregarle el componente salud y las necesidades básicas de acceder a ésta. Esta experiencia de integración de los guarayos pasó a los chiquitanos, luego a los mojeños y a los trinitarios; hasta que llegó a dar con los andinos amazónicos.

Asimismo, se puede apreciar en Tarcisio un “olfato de zorro”. Esto puede apreciarse en la elección que hizo en cuanto a la oferta de servicios educativos en salud. En materia de salud, se trataba simplemente de saber en qué se puede ser útil al “amigo” que tienes en frente, y Tarcisio encontró eso: la salud pública.

Pero había algo más: Tarcisio poseía la formación y poseía experiencia en el ramo. El camino entonces fue la “salud”, pero más importante aún fue saber cómo hacer para ayudar mejor, lo que implica, adentrarse a la realidad misma, para entender cómo concibe el guaraní la administración de la salud. Asimismo, apreciamos en él una gran capacidad de gestión y de relacionamiento con los demás, ya sean personas o instituciones. Lo explicamos con tres características que destacan de él: En relación con la organización, Tarcisio afirma que “Nada es posible sin la organización” y el pueblo guaraní de aquella época lo necesitaba, eso lo convirtió en el impulsor más importante de la organización en su región y, por si fuera poco, de la APG nacional. Ha demostrado una gran capacidad de hacer amigos. Es amiguero como ninguno, pero es un hombre que sabe escoger a sus amigos: dirigentes, personajes importantes, ancianos, jóvenes, mujeres, etcétera. Para Tarcisio, la conquista entra por la boca… Entrar a su casa es como entrar a la casa de cualquier otro guaraní; no mezquina nada, ofrece todo lo que tiene y no mide. “Yo, cuando tengo hambre me voy a visitar a Tarcisio” (E.C. dirigente de la APG). Culturalmente, el guaraní es convidador de lo que se come, lo mejor que se puede dar a un amigo es la comida. Tarcisio entendió eso...".

miércoles, 2 de marzo de 2022

Julio Romero Yaguari: Un referente de la lingüística guaraní

Foto: Araceli Rios

Por: Elías Caurey*

Ñane ñeere yayemongueta yave, ñande rëtara Julio Romero Yaguari oyapo vaereko yayepɨta ani yayekota. Kuae ñande rëtra jetako ombaekuatia ñane ñeere, ombojɨsɨ ñandeve kereïtako yambaekuatia vaerä, oeya ñandeve mbovɨkatu tembikuatia reta, jaeramo yayekoutako jese.

Karumbo irügue, kuaraɨ oikema ojo yave, ovaë cheve ñee pɨchɨi, keɨ Julio omano vae. Cherete chɨɨ! ayandu. Ara putumimbi cheve, cheäechako aguapɨ aï. Mbeguepe! Ojoye cheä cheretepe. Chekɨrɨrɨ aï jare chepɨape ayemongueta aï, chemaendua roparavɨkɨse vae jare royemonguetase vae:

Aikua keɨ Julio jaeramo ayemboe aiko yave, kunumi aiko jayave. Kaamipe royu yemboatɨpe, jae omee oreve yemongueta ñane ñeere. Chemopɨa kañi arakua guɨnoi ñeere vae, ipokɨ. Chepɨape jae: “kuri, aipotaecha aikuaa joko raï ñane ñeere”. Amae jese ñee iya rami.

Payandepo juri oasama yave, aechayee, Charaguape ojo oyemongueta oreve ñane ñeere, kereïko yambaekuatia vaerä achenguetɨ ndive. Jokope rore koë seri royemongueta ñande rekore jare ñane ñeere.

Jokuaeguɨve, royemonguetañui mbapaka rupi ani jeibu jei rupi; yepetei pɨtu ɨma, omondotako iñee cheve, aparandu mbae chupe yave, jae oimeñui ñee guɨnoi. Aeni ojo vaerä chemborɨ, jae ojo; ojo oyemongueta taɨrusu reta ndive, amboyupavo ombaekuatia vaerä ñane ñeepe yave; jare, jokoguɨye ojo chemborɨ ambojɨsɨ kavi vaerä ñane ñeepe cherembikuatia “Yayandu ñeere” ayapo aiko yave.

Iyemongueta mbegue jare ipɨaguasu reve oporomboe ñane ñeere. Oyemoambeko avei ñane ñee imbaekuatiare, oyemboe jese, oyapo tembikuaria reta jare oipota rupi ojo omoeräkua.

Añave ojoma Ɨvɨ maraëɨ kotɨ, ereï oipea oeya tape yandeve yambaekuatia kavi vaerä ñane ñeepe, yayekou vaerä iyarakuaare. Ikaviko, mburuvicha reta yemboe regua ani ñane ñee regua, oeka ombojee metei yemboe renda ñande kuatiapo Julio jee ndive, jokope yayemboe vaerä ñane ñeere.

Yasoropai! keɨ Julio, jekuae avei omae orere, eyuñui epou ñandepɨrɨ areteguasu iarape…

Hablar de la lingüística guaraní desde lo guaraní es ineludible hacer referencia a Julio Romero Yaguari. Es uno de los guaraní que ha realizado aportes importantes al desarrollo de la gramática guaraní, sus publicaciones son testigo factico y que nos ha dejado como legado de un guaraní para la Nación Guaraní.

Hace dos días (el 28 de febrero), cuando los rayos del sol se ocultaban al oeste, me llegó la noticia de que mi hermano mayor Julio había fallecido. Mi cuerpo se estremeció. Todo se me oscureció, sentí no ser yo el que estaba sentado. De a poco, mi ánima volvió a mi cuerpo. Estoy en silencio y digiriendo la noticia, fui recordando el trabajo que hacíamos y de lo que solíamos hablar:

El 2001 conocí a Julio en la ciudad de Camiri, en ocasión de un encuentro de estudiantes universitarios guaraní. Yo iniciaba mi carrera y estaba habido de conocimiento por el idioma guaraní. Él nos habló sobre la importancia de la escritura guaraní, quedé impresionado por su dominio del tema. En voz baja dije: “algún día, me gustaría conocer así el guaraní”. Lo vi como un verdadero dueño de la palabra.

Después de 18 años lo volví a ver, esta vez en Charagua, fue a dar una charla sobre la escritura del idioma guaraní en función a su alfabeto. Platicamos tanto que, casi nos pilla el amanecer, hablamos sobre nuestro modo de ser y nuestro idioma, de sus fortalezas, debilidades y desafíos.

Desde ese encuentro en Charagua nuestras conversaciones fueron constantes. Lo hacíamos a través del teléfono y del Facebook; a pesar de la alta hora de la noche, cuando le hacía consultas, él siempre me respondía y tenía una respuesta. Cuando le llamaba para que venga a apoyarme, él ahí estaba; fue a dar una charla a los jóvenes del taller de literatura guaraní; estuvo apoyándome en la edición en guaraní de mi poemario “Yayandu ñeere”.

Su hablar pausado y su paciencia para enseñar el idioma guaraní lo hacía diferente. Siempre andaba preocupado por la lingüística guaraní, lo estudiaba, escribía y daba charla por los lugares donde lo iba.

Ahora que está en la Tierra sin mal, nos ha dejado un camino abierto para trabajar en la escritura guaraní, para que disfrutemos y aprovechemos sus conocimientos dejado en los libros. Nos parece pertinente que, las autoridades educativas y del idioma guaraní, nombren a un centro de formación sobre el idioma guaraní con el nombre de Julio, en conmemoración a su legado.

¡Gracias! Julio, mi hermano mayor, no dejes de mirarnos, no dejes de venir a visitarnos en el gran día verdadero….


Julio Romero Yaguari (1957-2022)

“Participó en 1984 en el typeo de los borradores, adicciones, estudios y análisis gramaticales y lingüística del presente Diccionario. Fue traductor por nueve años en Sociedad Bíblica Boliviana y en ALFALIT Boliviano se desempeñó como liguista y traductor. Fue profesor de guaraní en la Capitanía Kaami. Autor del libro La Gramática Elemental del idioma guaraní. Ganador del primer premio en el CONCURSO NACIONAL DE LITERATURA INDÍGENA ORIGINARIA “PARA VIVIR BIEN”. Tiene autoría con otros Diccionario Guaraní – Castellano con la Edición BIBLOS. [… fue] Presidente de la Fundación HABLE Guaraní…” (Texto extraído del diccionario “Ñane ñeerɨru”).

Julio Romero, junto a su hermano Pablo, participaron en la traducción de la biblia al idioma guaraní. Era pastor evangélico de la “Iglesia Dios es Luz Camiri”, quien además dirigía la Radio Tembipe 90.7 FM, en Camiri.

Territorio guaraní, 02 de marzo de 2022

  

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* Elías Caurey es escritor guaraní, sociólogo y antropólogo de formación; es facilitador en el CEP Arakuaiyapo y reside en el territorio de la Autonomía Guaraní Charagua Iyambae.

 


domingo, 13 de junio de 2021

“Tutɨ (tío) panchito Fernández”: Un iyambae de Charagua Iyambae

Por: Elías Caurey
 
Foto: Benjamín Cuellar

Francisco Fernández Avapillo (1939-2021), más conocido como “Tutɨ (tío) panchito Fernández”, fue un connotado Arakua Iya (poseedor de la sabiduría) y Mburuvicha (líder) de la Nación Guaraní. Fue Capitán Grande la Zona Parapitigusu, Mburuvicha de la comunidad de Pueblo Nuevo, Presidente de la junta escolar del colegio de Pueblo Nuevo, entre otros cargos.

Hablar de tío panchito daría para más de un libro. Porque es un personaje que está en el olimpo guaraní junto a Apiaguaki Tüpa, Juan Añetï, Tarema, Chituri, Takumbo-kumbo, Kaapotɨ, Iguandurai, Mbakuire, Machirope, Ñatïrama, Rojelio Aireyu, Bonifacio Barriento Iyambae, Vicente Moreno, René Gomez, Bernabé Guillermo, Cecilio Gomez, Mateo Chumira, Elio Ortiz, Celestino Hurtado, Pablo Romero, entre otros tantos que son referente para los que quedamos y, a la vez, una tarea para escribir sobre ellos.

En esta ocasión, quiero rendirle tributo a tutɨ panchito escribiendo “algunos hechos” por lo que me hace recordarlo:

A inicio del año 2017 me encontraba investigando sobre la “teología guaraní”, siguiendo los apuntes del P. Gabriel Siquier, y era imprescindible entrevistar a tío panchito, porque eran gran amigo de Siquier (más conocido como Tɨaröpiru) y su consejero guaraní. Fue así que, una mañana de abril lo visité en su casa y apenas lo saludé, me dijo lo siguiente:

  Jaeramo yepe mbovi arama che resa opo-opo oiko, nde yepe oecha oiko, mbae ñee jare marandupa reru ñandeve, cherɨɨ? (Desde hace días tenía tic en mis ojos, ya estaba presagiando tu visita, sobrino; ¿qué novedades nos trae y qué consulta tienes?).

Así como confiaba en sus presentimientos, también era profundo en sus reflexiones; no era casualidad llamarle “Arakuaa Iya”. Él decía lo que pensaba desde su ser guaraní. Aquí les comparto dos conceptos que me dilucidaron sobre el ser y el estar. 

  “Ɨvɨ Maraëɨ jaeko ani vaerä yayuvanga ɨvɨre, yavɨa katu vaerä ñande rekore, yayangareko vaerä ɨvɨra retare, ñamoñemuña vaerä mbɨmba michi reta; jare, ñamae vaerä kerëitarako oikota ñande michia reta kuri; jare, arakuaa oëtaviko tëtagui… (La Tierra Sin Mal está como pensamiento para que respetemos y no mal utilicemos la tierra, para que vivamos feliz de acuerdo a nuestro modo de ser, para que cuidemos la naturaleza, para que criemos todo tipo de animalitos; de igual forma, para mirar el futuro de nuestros hijos y proyectarlo para que vivan bien; también, para saber que la sabiduría sale del pueblo, de entre todos…)” (En: Caurey, 2017: 31).

  “Los actuales jóvenes están muy bien formado con el conocimiento racional, saben mucho de tecnología, son profesionales, etc.; pero, ése exceso de conocimiento lo están maleando…ya no saben sentir su corazón, han perdido el don de la sensibilidad y es la causa por la que fácilmente se hacen dominar por la fuerza de la razón. Demasiada razón nos vuelve irracional”.

  Ser “iyambae” es ser autosuficiente. Es vivir de acuerdo a nuestro ñande reko. Respetar al otro y hacernos respetar. Yo siempre he tenido mi chaco, ahora mismo tengo choclo de la primera siempre y tu tía ha invitado a las mujeres a que vayan a traerse choclo, las muchachas en fileras van a traerse, mientras sus esposos están esperando trabajo de la empresa. Si hubiera sido joven, cuantas muchachas hubieran querido tenerme (risa). No digo que está mal ir a trabajar en las empresas o instituciones, sino esos trabajos tiene que ser complementario a lo que uno produce en su comunidad, para su familia…

En septiembre de 2020 fue la última entrevista que le hice al tutɨ panchito y hablar con él transmitía paz interior, porque tenía un guaraní muy pulcro y empleaba bastante los diminutivos, como se puede apreciar en el minuto 1:15 del video “el idioma guaraní en la autonomía indígena” (disponible en el siguiente enlace: bhttps://www.youtube.com/watch?v=1JchulT7_DM&t=83s). Además, era una persona amena y ocurrente. En una ocasión los escuché platicando con mi abuelo, yo aún era un niño y vivíamos en Ipitakuape; era de noche, entre sueño sus risotadas no me dejaban conciliar el sueño y contaban lo siguiente:

  Abuelo Rufino: Te cuento cherɨvɨ (mi hermano menor) que hace un mes fui a mi chaco con machete en mano, una cuerda (para amarrar la leña que iba a traer a la vuelta) y mis perros me siguieron. Cuando ya estaba por llegar al chaco, los perros dispararon para el monte. Después de algunos minutos comenzaron a ladrar. Fui a ver qué era. Para mi sorpresa, tenían a un pecarí (tayasu) en el hueco de un tronco, ahí se había refugiado. Como no tenía fusil no sabía cómo matarlo; así que, ahí mismo me la ingenié: tapé un lado del agujero del tronco y puse mi cuerda en el otro agujero y con el machete golpee al tronco y al asustarse salió corriendo y ahí lo enlace del cuello, de esa forma lo he cazado. Ya no llegué a mi chaco, me vine con mi presa para la casa.

  Tutɨ panchito: A mí me paso algo parecido keɨ (hermano mayor). Después del almuerzo me fui al baño para el monte, mis pobres perros me siguieron. Ya cuando estaba alejado de la casa (antes era costumbre ir al baño para el monte, por eso se iba lejos de la casa porque no había la costumbre de tener letrina o wáter) los perros corrieron, casi me tumban dejar, aparte que yo iba apurado. Después de un rato comenzaron a ladrar. ¡Qué será, dije! Se me pasaron las ganas, fui corriendo. Para mi sorpresa, tenían a varios jabalíes (taitetu) en el hueco de un tronco gigante, ahí se habían refugiado, eran cinco. No sabía qué hacer, así que ahí mismo pensé rápido: tapé con palos los dos agujeros del trono, para que no salgan; los perros dejaron de ladrar. Así que, volví a la casa, con hacha y machete en mano hice camino hasta llegar al tronco, luego llevé mi carreta hasta allá, me hice ayudar con mis vecinos para alzarlo y lo traje al patio de mi casa. Cuando tenía gana de comer taitetú sacaba para carnear.

En el velatorio conversaba con la tía Carmen Miguel, la compañera de vida de tío panchito, y me decía “tu tío hablaba solo, se acordaba de los lugares que había recorrido, yo lo acompañaba hasta que me lastimé la rodilla y ya me quedé en casa. Por las noche lo escuchaba decir sobre la importancia de la coordinación para el trabajo organizativo, renegaba de que algunos dirigente jóvenes no lo hacen. Su chaco fue gran preocupación, hasta el año pasado él ha sembrado, siempre había yuca, camote, maíz y frijol. Él solo dos veces fue a probar trabajo en otro lado, una vez fue a la zafra y otra a una hacienda; pero, solo para saber cómo era; de ahí nunca más lo hizo, su chaco fue su trabajo. Sus nietos fueron su adoración, incluso sus últimas palabras fue preguntar por ellos…”.

No quepa dudas, tutɨ (tío) panchito Fernández es de esos –pocos– personaje que permanecerá en la memoria colectiva, por su convicción y entrega a la causa reivindicatoria del ñande reko (modo de ser guaraní), es un “iyambae” de Charagua Iyambae y referente de Parapitiguasu.

Territorio Guaraní – Bolivia

Junio de 2021

lunes, 27 de abril de 2020

Chemburukuya Potɨ - Mi Flor de Pachío




El poema “Chemburukuya Potɨ - Mi Flor de Pachío” forma parte del poemario Yayandu Ñeere (Poemas guaraní-castellano), 2018, de Elías Caurey; libro que, ha sido ganador del Premio Plurinacional Eduardo Abaroa 2018 como mejor obra literaria publicada en la especialidad de poesía.



jueves, 11 de octubre de 2018

YAYANDU ÑEERE (Sentir la palabra)


En el marco de la XII Feria Internacional del Libro de Cochabamba, hoy  11 de octubre de 2018, hemos presentado "Yayandu Ñeere (Poemas guaraní-castellano)". Ahí les comparto el comentario realizado por la escritora cochabambina Sisinia Anze:


YAYANDU ÑEERE (Sentir la palabra)
Poemas guaraní - castellano


Para empezar, considero que debo dejar en claro que no soy experta en lengua guaraní, la lengua materna de Elías Caurey y que hace a la esencia de su literatura. Sin embargo, al igual que la mayor parte de los presentes, me es posible distinguir la importancia de las obras literarias por su contenido y el arte poético inscrito en sus páginas.

En todo caso, para poner en contexto la obra es necesario referirse a la lengua de Elías. El guaraní es la herencia, quizás la más valiosa, de un pueblo que pervive desde tiempos inmemoriales y que edificó una lengua maravillosa, un idioma tan copioso y lleno de energía que, por su majestuosidad, elegancia, nobleza y armonía, varios lingüistas lo sitúan al nivel de los idiomas que poseen fama de encontrarse entre los más hermosos que existen. La lengua guaraní es patrimonio intangible e inestimable de un pueblo que construyó lo que se ha denominado la civilización de la palabra, instituyendo a ésta como el valor primordial y sagrado de una cultura que, gracias a sus mujeres, quienes se dieron a la tarea de transmitirla a las generaciones de mestizos de la nueva nación, sobrevivió a la época de la conquista y se ha convertido en una lengua imperecedera.

Elías aprovecha magistralmente la musicalidad, el ritmo y la flexibilidad del Guaraní para escribir sus versos, logrando su objetivo: revitalizar y difundir esta lengua que es la fuente primordial de expresión de su ser y el de su gente. Magnífica expresión que, a la vez, pone al alcance de un público muchísimo más amplio, gracias a las traducciones presentadas de cada composición.

Elías Caurey es guaraní y lo pregona como debe ser, con gran orgullo. Nacido en Ipitakuape, Charagua se confiesa seducido por un sentimiento de reconciliación con uno de los más altos valores culturales vinculado a sus raíces. Es así que la búsqueda de su palabra se convierte a la vez en la constante búsqueda de su lengua. Un universo que se le proyecta enigmático y cuyos misterios anhela descifrar. Sus poemas son una espectacular colección de momentos, de paisajismos del alma de un pueblo milenario que perdura en el tiempo inalterado en su esencia. Paisajes que no son sólo fotografías de la realidad, sino también dibujos del mundo interior melancólico de Elías. El resultado en conjunto es admirable, en especial la plenitud de matices y el registro minucioso del más mínimo temblor sentimental que logra expresar en sus versos. Elías no busca precisar sino sugerir, con su sensibilidad extraordinaria, el mágico mundo guaraní.

Sus versos son obsesivos bocetos de su pueblo, con sus luces y acento. Sus composiciones buscan de alguna manera difundir al mundo la mágica cosmogonía guaraní. Es un maestro del sentimiento sutil, de la sensación vaporosa, un poeta en el sentido más noble de la palabra.

Leer poema

Elías en YAYANDU ÑEERE logra con éxito nada menos que reavivar el latido de una cultura que merece ser descubierta, no sólo por la singularidad y belleza de su lenguaje, sino también por su valiosa historia, misma que a pesar de las adversidades de una era contaminada por la modernidad procura subsistir pura e intacta. Recomiendo leer este poemario y dejarse seducir por la magia del autor y una de las lenguas más hermosas del mundo.

viernes, 30 de junio de 2017

DIOS SE HACE CULTURA

Foto: Wara Godot Ruiz

Comentario sobre Ñanderu Tüpa Regua Ñande Reko Rupi (Teología Guaraní) de Gabriel Siquier, sj, (Tiaröpiru), traducido y compilado por Elías Caurey

Se me invade un sentimiento de pudor, de temor sagrado, de gran respeto y de profunda humildad en el momento de comentar este libro, sin estar presente, sin haber podido al menos compartir un delicioso mate y saludarnos mutuamente en forma tangible y presencial. Pero tal como se hace en el mundo andino, quisiera pedir permiso a las y los presentes, la pachamama, la comunidad guaraní y al mundo espiritual en este momento, para poder entrar en contacto con la riqueza espiritual de un pueblo que ha sufrido durante siglos los atropellos de la ”modernidad” occidental, el colonialismo europeo y el neocolonialismo actual, y que recién fue reconocido como Territorio Autónomo dentro del Estado Plurinacional de Bolivia. Me inclino ante el legado del P. Gabriel Siquier o Tiaröpiru, y expreso mi admiración por el trabajo de compilación, traducción y sistematización de Elías Carey, sociólogo y antropólogo guaraní, comprometido por la causa de su pueblo y la búsqueda del Ivi Maraëi o Tierra sin Mal.

La presente publicación es una producción mancomunada e intercultural en el sentido literal de la palabra, entre dos épocas, dos personajes, dos trasfondos civilizatorios e inclusive dos diferentes acercamientos del saber humano. Por un lado, tenemos los escritos del sacerdote Gabriel Siquier sobre Teología Guaraní o la “Enseñanza acerca de Dios a partir de la cultura guaraní”, tal como el Tiaröpiru, como fue llamado cariñosamente por la gente en Charagua, se lo ha redactado entre 1990 y 2002, y, por otro lado, las notas y los estudios sobre este legado por Elías Caurey, destacado antropólogo y sociólogo. Un  sacerdote karai o extranjero inculturado y un académico guaraní comprometido por la causa indígena se encuentran, a través del tiempo y espacio, en este libro.

Como se sabe, la publicación consiste de dos partes. La primera, una introducción sistemática al tema del pueblo guaraní y su espiritualidad, como también a la figura emblemática y casi ya legendaria del P. Gabriel Siquier, redactado por Elías Caurey. Y la segunda parte, una reproducción cuidadosamente editada de escritos y anotaciones del P. Gabriel Siquier, sobre la Teología Guaraní. La primera parte de unas 74 páginas nos da una buena introducción a los principales temas de la espiritualidad guaraní, tal como fueron gestándose y desarrollándose a lo largo de casi 40 años de labor pastoral del Tiaröpiru. Y la segunda parte, de unas 130 páginas, el resumen del pensamiento de éste acerca de lo que se suele llamar “Teología Guaraní”.

El libro refleja el gran esfuerzo hecho por Elías Caurey de recuperar el inmenso legado de Gabriel Siquier quien ha dejado más de 40 archivadores de material, entre notas, bosquejos, escritos y observaciones, que son un tesoro aún por levantar. El período al que corresponden los escritos editados en este libro, cubre básicamente los años 1992 hasta 2002. Tal como lo anota el editor en su introducción, son el fruto de una “tercera Ilustración” que tiene que ver con el Quinto Centenario de la Conquista y que dio un giro “cultural” a la Teología de la Liberación latinoamericana. No solo en el caso guaraní, sino en todo el continente de Abya Yala, empezó un proceso de decolonización epistémica y de la recuperación de sabidurías y espiritualidades que habían sido invisibilizadas por la hegemonía de la episteme occidental.

Surgieron, entonces, diferentes tipos de teologías indígenas o teologías “indias”, tal como se las conoce en Abya Yala, entre ellas la andina, la maya, la nahua, la mapuche, pero también la guaraní. En este esfuerzo, la labor del P. Gabriel Siquier ha sido trascendental, y la edición de esta publicación por Elías Caurey resulta ser un momento de gran satisfacción y motivo de agradecimiento, porque permite seguramente avanzar aún más en la recuperación de la gran riqueza espiritual y teológica del pueblo guaraní.

En los años 2006 a 2008, tenía el privilegio de guiar un proyecto de sistematización de Teología Andina, organizado por el ISEAT (Instituto Superior Ecuménico Andino de Teología) en La Paz. El resultado de ese trabajo son dos tomos de “Teología Andina” que constituyen, junto a otros muchos esfuerzos, una base para avanzar en la tarea de una inculturación más profunda de la fe cristiana. Muchos de los problemas que se señalan en el presente libro, también se dieron en aquel tiempo. ¿Se puede hablar de “teología”? ¿Hay una noción equivalente a la occidental “Dios” en las culturas indígenas? ¿Por qué no hablar de “espiritualidad” o “cosmo-espiritualidad” en vez de “teología”? ¿Cómo articular el universo religioso cristiano de procedencia semita-helénica con el universo religioso andino o guaraní? Y finalmente: ¿Quiénes son las y los protagonistas de una tal “teología” o “Ñanderu Tüpa Regua Ñande Reko Rupi”?

La problemática se encuentra también en el presente libro. El P. Gabriel Siquier, a pesar de una inserción de cuarenta años en Charagua y el dominio casi perfecto de la lengua guaraní, seguía luchando con las discrepancias culturales, problemas de traducción lingüística y cultural, problemas de una hermenéutica diatópica intercultural. Y lo mismo ocurre, por supuesto, en el intento de Elías Caurey de sistematizar este pensamiento y estas ideas.

Una cosa es evidente: no se trata de una teología académica, de una teología en base a textos, sino de una teología vivida, experimentada, en forma colectiva, ritual, cotidiana, simbólica, hasta paradójica. La convicción básica de Gabriel Siquier, y de todas las personas que se adentran en la aventura de teologías indígenas, es el hecho de que lo divino se manifiesta en todas las culturas, pueblos, religiones, épocas y lenguas. Y que el theologumenon principal de la “vía cristiana”, la encarnación de lo divino, se puede y debe traducir en términos de cultura y civilización: “Dios se hace cultura”. Y como no existe “la” cultura en sentido general, hay que contextualizar más: “Dios se hace culturas”. Por lo tanto, Dios se hace andino, guaraní, mojeño, chiquitano, pero también mestizo/a, blanco/a, inclusive judío, hindú, musulmán. Suena escandaloso, pero no lo es, sino una consecuencia de la convicción de que lo divino no tiene límites en la manera de hacerse manifiesto.

Quisiera felicitar a la editorial Fundación Centro Arakuaarenda, a la orden de los jesuitas en Bolivia, pero en forma especial a Elías Caurey, por haber logrado esta publicación que da testimonio de los muchos caminos de lo divino en culturas y pueblos. Y que este libro sea motivo de alegría y de la voluntad de seguir adelante en este Ñande Reko hacia la gran utopía del Ivi Maraëi que no es otra cosa que el Reinado de Dios bíblico.


Josef Estermann