Por: Elías Caurey
Foto: Benjamín Cuellar
Francisco Fernández Avapillo
(1939-2021), más conocido como “Tutɨ (tío) panchito Fernández”, fue un
connotado Arakua Iya (poseedor de la sabiduría) y Mburuvicha (líder) de la
Nación Guaraní. Fue Capitán Grande la Zona Parapitigusu, Mburuvicha de la
comunidad de Pueblo Nuevo, Presidente de la junta escolar del colegio de Pueblo
Nuevo, entre otros cargos.
Hablar de tío panchito daría para más de
un libro. Porque es un personaje que está en el olimpo guaraní junto a Apiaguaki
Tüpa, Juan Añetï, Tarema, Chituri, Takumbo-kumbo, Kaapotɨ, Iguandurai, Mbakuire,
Machirope, Ñatïrama, Rojelio Aireyu, Bonifacio Barriento Iyambae, Vicente
Moreno, René Gomez, Bernabé Guillermo, Cecilio Gomez, Mateo Chumira, Elio
Ortiz, Celestino Hurtado, Pablo Romero, entre otros tantos que son referente
para los que quedamos y, a la vez, una tarea para escribir sobre ellos.
En esta ocasión, quiero rendirle tributo
a tutɨ panchito escribiendo “algunos hechos” por lo que me hace recordarlo:
A inicio del año 2017 me encontraba
investigando sobre la “teología guaraní”, siguiendo los apuntes del P. Gabriel
Siquier, y era imprescindible entrevistar a tío panchito, porque eran gran amigo
de Siquier (más conocido como Tɨaröpiru)
y su consejero guaraní. Fue así que, una mañana de abril lo visité en su casa y
apenas lo saludé, me dijo lo siguiente:
– Jaeramo
yepe mbovi arama che resa opo-opo oiko, nde yepe oecha oiko, mbae ñee jare marandupa
reru ñandeve, cherɨɨ? (Desde hace días tenía tic en mis ojos, ya estaba
presagiando tu visita, sobrino; ¿qué novedades nos trae y qué consulta tienes?).
Así como confiaba en sus presentimientos,
también era profundo en sus reflexiones; no era casualidad llamarle “Arakuaa
Iya”. Él decía lo que pensaba desde su ser guaraní. Aquí les comparto dos conceptos
que me dilucidaron sobre el ser y el estar.
– “Ɨvɨ
Maraëɨ jaeko ani vaerä yayuvanga ɨvɨre, yavɨa katu vaerä ñande rekore,
yayangareko vaerä ɨvɨra retare, ñamoñemuña vaerä mbɨmba michi reta; jare, ñamae
vaerä kerëitarako oikota ñande michia reta kuri; jare, arakuaa oëtaviko
tëtagui… (La Tierra Sin Mal está como pensamiento para que respetemos y no mal
utilicemos la tierra, para que vivamos feliz de acuerdo a nuestro modo de ser,
para que cuidemos la naturaleza, para que criemos todo tipo de animalitos; de
igual forma, para mirar el futuro de nuestros hijos y proyectarlo para que
vivan bien; también, para saber que la sabiduría sale del pueblo, de entre
todos…)” (En: Caurey, 2017: 31).
– “Los
actuales jóvenes están muy bien formado con el conocimiento racional, saben
mucho de tecnología, son profesionales, etc.; pero, ése exceso de conocimiento
lo están maleando…ya no saben sentir su corazón, han perdido el don de la
sensibilidad y es la causa por la que fácilmente se hacen dominar por la fuerza
de la razón. Demasiada razón nos vuelve irracional”.
– Ser “iyambae”
es ser autosuficiente. Es vivir de acuerdo a nuestro ñande reko. Respetar al
otro y hacernos respetar. Yo siempre he tenido mi chaco, ahora mismo tengo choclo
de la primera siempre y tu tía ha invitado a las mujeres a que vayan a traerse
choclo, las muchachas en fileras van a traerse, mientras sus esposos están
esperando trabajo de la empresa. Si hubiera sido joven, cuantas muchachas hubieran
querido tenerme (risa). No digo que está mal ir a trabajar en las empresas o instituciones,
sino esos trabajos tiene que ser complementario a lo que uno produce en su
comunidad, para su familia…
En septiembre de 2020 fue la última entrevista
que le hice al tutɨ panchito y hablar con él transmitía paz interior, porque
tenía un guaraní muy pulcro y empleaba bastante los diminutivos, como se puede
apreciar en el minuto 1:15 del video “el idioma guaraní en la autonomía indígena”
(disponible en el siguiente enlace: bhttps://www.youtube.com/watch?v=1JchulT7_DM&t=83s). Además, era una persona amena y ocurrente. En una
ocasión los escuché platicando con mi abuelo, yo aún era un niño y vivíamos en
Ipitakuape; era de noche, entre sueño sus risotadas no me dejaban conciliar el
sueño y contaban lo siguiente:
– Abuelo
Rufino: Te cuento cherɨvɨ (mi hermano menor) que hace un mes fui a mi chaco con
machete en mano, una cuerda (para amarrar la leña que iba a traer a la vuelta)
y mis perros me siguieron. Cuando ya estaba por llegar al chaco, los perros
dispararon para el monte. Después de algunos minutos comenzaron a ladrar. Fui a
ver qué era. Para mi sorpresa, tenían a un pecarí (tayasu) en el hueco de un
tronco, ahí se había refugiado. Como no tenía fusil no sabía cómo matarlo; así
que, ahí mismo me la ingenié: tapé un lado del agujero del tronco y puse mi
cuerda en el otro agujero y con el machete golpee al tronco y al asustarse salió
corriendo y ahí lo enlace del cuello, de esa forma lo he cazado. Ya no llegué a
mi chaco, me vine con mi presa para la casa.
– Tutɨ
panchito: A mí me paso algo parecido keɨ (hermano mayor). Después del almuerzo
me fui al baño para el monte, mis pobres perros me siguieron. Ya cuando estaba
alejado de la casa (antes era costumbre ir al baño para el monte, por eso se
iba lejos de la casa porque no había la costumbre de tener letrina o wáter) los
perros corrieron, casi me tumban dejar, aparte que yo iba apurado. Después de
un rato comenzaron a ladrar. ¡Qué será, dije! Se me pasaron las ganas, fui
corriendo. Para mi sorpresa, tenían a varios jabalíes (taitetu) en el hueco de
un tronco gigante, ahí se habían refugiado, eran cinco. No sabía qué hacer, así
que ahí mismo pensé rápido: tapé con palos los dos agujeros del trono, para que
no salgan; los perros dejaron de ladrar. Así que, volví a la casa, con hacha y
machete en mano hice camino hasta llegar al tronco, luego llevé mi carreta
hasta allá, me hice ayudar con mis vecinos para alzarlo y lo traje al patio de
mi casa. Cuando tenía gana de comer taitetú sacaba para carnear.
En el velatorio conversaba con la tía
Carmen Miguel, la compañera de vida de tío panchito, y me decía “tu tío hablaba
solo, se acordaba de los lugares que había recorrido, yo lo acompañaba hasta
que me lastimé la rodilla y ya me quedé en casa. Por las noche lo escuchaba
decir sobre la importancia de la coordinación para el trabajo organizativo,
renegaba de que algunos dirigente jóvenes no lo hacen. Su chaco fue gran
preocupación, hasta el año pasado él ha sembrado, siempre había yuca, camote, maíz
y frijol. Él solo dos veces fue a probar trabajo en otro lado, una vez fue a la
zafra y otra a una hacienda; pero, solo para saber cómo era; de ahí nunca más
lo hizo, su chaco fue su trabajo. Sus nietos fueron su adoración, incluso sus últimas
palabras fue preguntar por ellos…”.
No quepa dudas, tutɨ
(tío) panchito Fernández es de esos –pocos– personaje que permanecerá en la
memoria colectiva, por su convicción y entrega a la causa reivindicatoria del
ñande reko (modo de ser guaraní), es un “iyambae” de Charagua Iyambae y
referente de Parapitiguasu.
Territorio Guaraní – Bolivia
Junio de 2021