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lunes, 11 de noviembre de 2013

Software boliviano para guaraní



Antes de reproducir la presente nota en mi blog, en menester hacer una aclaración necesaria. En la nota me ponen como “uno de los impulsores de la iniciativa del software…”, cosa que no es así, puesto que mi persona, como funcionario del Comité Nacional de Coordinación de los CEPOs, lo que hemos hecho fue cumplir con nuestras funciones de coordinar algunos aspectos logísticos y hacer seguimiento del proyecto “desarrollo de software de corrector ortográfico en lenguas indígenas de Bolivia aymara, quechua y guaraní”. En tal sentido, el equipo que están desarrollando el proyecto está conformado por: Amos Becker Batto (informático), José Laura Yapita (lingüista aymara), Elio Ortiz García (lingüista guaraní), Alfredo Quiroz (lingüista quechua). Estos detalles fueron puestos en el cuestionario que contestamos para la corresponsal de la agencia ANSA, pero fueron obviados.

LA PAZ, 9 (ANSA)- Técnicos y linguistas bolivianos pretenden impulsar el desarrollo y la supervivencia de la lengua guaraní mediante un software especializado en corrección ortográfica en ese idioma.
   Con ese programa, que se desarrolla bajo la premisa del software libre, se intentará preservar la lengua de una cultura que sólo en Bolivia, según los datos del último censo, tiene a más de 58.000 personas.
    El guaraní es una lengua de la familia tupí-guaraní hablada por aproximadamente seis millones de personas en Paraguay, donde es idioma oficial junto al español, pero también hay pueblos de Argentina y Brasil que la hablan.
    Es la lengua nativa de los guaraníes, denominación de pueblos originarios de la zona, pero en su variante moderna o paraguaya también goza de amplio uso entre no indígenas, especialmente en Paraguay, donde la población indígena es minoritaria.
    El escritor guaraní y uno de los impulsores de la iniciativa del software, Elías Caurey, dijo que esa alternativa permitirá corregir la forma de escritura guaraní y posibilitará a las nuevas generaciones usarlo en plataformas como las redes sociales y el celular.
   Según Caurey, "los jóvenes tendrán al alcance de sus celulares una base de datos del vocablo guaraní que en las redes sociales les permitirá escribir o chatear en esa lengua".
    Caurey sostiene que el uso de lenguas originarias en contextos tecnológicos "es un reto necesario de abordar para posibilitar la supervivencia de éstas".
    Por su parte, la lingüista Beatriz Álvarez, afirmó que esos programas son un aporte para el rescate de las lenguas nativas.
    "Es importante aprovechar los avances tecnológicos para desarrollar el aprendizaje de lenguas indígenas" dijo a ANSA.
   La Constitución boliviana vigente desde el 2009 reconoce a 36 lenguas originarias como idiomas oficiales.
   El aymara y el quechua son los más difundidos, con más de un millón de personas.
    Los especialistas que trabajan en el corrector en guaraní también elaboran correctores en aymara y quechua.
    Para su desarrollo se suscribió un convenio entre el Consejo Educativo Aymara y la fundación Elhuyar Fundazioa del país Vasco (España).
    Álvarez recordó que en Bolivia ya existieron avances a este tipo de programas, por ejemplo el software de traducción multilingüe Atamiri, creado por el matemático boliviano Iván Guzmán de Rojas.
   El Atamiri, presentado en 1985, es el primer sistema de traducción de capacidad multilingüe real.
    Usa al aymara como idioma puente para traducir varios idiomas.
   En la actualidad, el corrector en guaraní está en la fase final y de pruebas.
   Será lanzado a finales de este año. Tendrá extensiones para el Libre Office, y podrá descargarse de una web.
   Según Caurey, este software representa un paso fundamental para el desarrollo de la lengua guaraní en un contexto donde la informática es un común denominador en la vida cotidiana de las sociedades.
    Además, "si tiene éxito, se buscara financiamiento para desarrollar este proyecto para otras lenguas del Estado Plurinacional". JLC-ADG/ACZ
.09/11/2013 18:55

martes, 1 de octubre de 2013

CUANDO EL PAPEL HABLA

Por: Elías Caurey*
(Lunes, Septiembre 30, 2013 - 19:14)

En el mundo guaraní los Arakuaa y ÑeeIya reta (los que manejan el don de la sabiduría y la palabra) suelen decir que, “cuando el papel habla, tu voz ya no se escucha y tu espíritu anda vagando en un mar de seres que no hablan por la boca, sino a través de las letras[1], teorema conmensurable dependiendo de con qué ojos se mire y oídos se escuche, irrefutable para el guaraní. Sin embargo, considerando la situación y la forma, será a través de las letras en el papel que hablaré para responderle al señor Víctor Hugo Quintanilla Coro sobre algunas imprecisiones expuestas en su artículo “La ‘transformación’ de la educación en el Estado ‘Plurinacional’ de Bolivia”[2], publicado en septiembre de 2013 en el periódico digital bolpress.

El señor Quintanilla Coro, intelectual y académico de la UMSA, cae en algunas imprecisiones –no se sabe si intencionalmente o por falta de información- que merecen ser aclaradas por respeto a los lectores en general y a las naciones indígenas originarias en particular, sobre todo con respecto a los Consejos Educativos de Pueblos Originarios de Bolivia (CEPOs). Y así lo haré en este artículo, respondiendo como un guaraní que ama a su pueblo y lo defenderá siempre, aunque sin dejar de reconocer sus virtudes e imperfecciones.

Un primer punto que interesa aclarar es el sentido de la siguiente afirmación de Quintanilla: “…en estricto sentido, los CEPOS, en los que el viceministro piensa como las ‘propias’ organizaciones de los ‘propios’ pueblos indígenas, pues simplemente no son organizaciones indígenas, (aunque sí hay que aceptar que sus miembros viven en uno y otro pueblo indígena)…”Al respecto, parece importante recordarle al autor que aquello que piense o deje de pensar un viceministro, sea quien sea, no tiene ninguna relevancia para la realidad orgánica de los CEPOs[3] y, de seguro, tampoco la tiene para muchos indígenas que de veras se interesan por su pueblo y que no se deben al gobierno. Por lo tanto esa frase sólo expresa una apreciación subjetiva del articulista. No obstante, el tema da lugar a analizar los prejuicios que mantienen algunos académicos frente a las organizaciones indígenas. ¿Qué se necesitará, según Quintanilla, para que una organización indígena demuestre que es tal? ¿Será que debe presentar su registro en un libro al estilo sindical? ¿Será que debe evitar todo contacto con el aparato estatal? ¿Será que sus dirigentes deben usar la vestimenta típica y hablar sólo en lengua originaria para que sean reconocidos como indígenas? ¿Será que deben permanecer en las comunidades del área rural y no acercarse a las ciudades, menos a la sede de gobierno? ¿Será que deben permanecer en silencio frente a los profesionales universitarios? Al parecer la apreciación de Quintanilla está desfasada en el tiempo y revela una postura colonial. No otra cosa se puede decir de quien se atribuye, desde la comodidad del escritorio[4], el derecho a cuestionar la pertenencia de los CEPOs a sus respectivas naciones y pueblos indígenas originarios. Esta actitud típicamente colonial expresa la  falta de respeto que mantienen ciertos académicos por la historia de los pueblos y sus organizaciones, y, en este caso específico, por tantos hombres y mujeres que lucharon y luchan por una educación con pertinencia cultural.

El segundo aspecto que interesa esclarecer del artículo en cuestión está contenido en la siguiente oración: “Los CEPOS son los Consejos Educativos de los Pueblos Originarios de Bolivia, pero ninguno de los directivos y técnicos de los consejos ni los contenidos de su desarrollo institucional es decidido ni por CIDOB (Confederación de Pueblos Indígenas de Bolivia) ni por CONAMAQ (Consejo Nacional de Ayllus y Markas del Qullasuyu), así como tampoco ninguna de las actividades pro-gubernamentales….”. Salta aquí a la vista la desinformación del académico o la voluntad que tiene de confundir a los lectores. Todo aquel que conoce algo de participación social en educación entiende que los CEPOs están organizados en el marco de sus organizaciones matrices nacionales y regionales. En el caso específico de los CEPOs de tierras bajas, existen procedimientos propios que los vinculan orgánicamente y de manera directa con sus organizaciones matrices regionales. Por ejemplo, dentro de la estructura de la Asamblea del Pueblo Guaraní (APG), el Secretario de Educación pasa automáticamente a ser el Presidente del Consejo Educativo del Pueblo Originario Guaraní (CEPOG) y los demás directivos se eligen en un congreso educativo de la nación guaraní. Así como el CEPOG, los otros consejos tienen sus particularidades y sus semejanzas; todos tienen en común la responsabilidad de representar en temas educativos a sus respectivas naciones y están reconocidos en la ley 70, artículo 90, inciso c, como instancias de participación social en educación.

Ahora bien, si el CEPOG es parte de la APG, y ésta es una de las regionales de la CIDOB, ¿cómo se puede afirmar que esta última no se toma en cuenta para las decisiones? Quintanilla, tan informado que pretende estar como intelectual y académico universitario, ¿conoce algo de la manera en que los CEPOs construyen sus propuestas educativas? ¿Tiene alguna idea acerca de las reuniones y encuentros de reflexión, debate y concertación de planteamientos educativos que realizan con los secretarios de educación de la CIDOB, CONAMAQ, CSUTCB, CSCIB y CNMCIOB-BS?  Si esta aclaración le resulta insuficiente, le invito a revisar los acuerdos que se firman de forma conjunta o darse la molestia de preguntar a los dirigentes de las organizaciones mencionadas. Pero no sólo eso, le aconsejo realizar un análisis académico, serio, respaldado en información producida por fuentes confiables, del grado de incidencia logrado por los CEPOs al haber incorporado en la ley 70 casi todas las propuestaseducativas y lingüísticas que recibieron por mandato de las NPIOs[5]. Su apreciación, a la luz de los hechos, resulta sesgada y poco seria. Antes de que incurra en una próxima, quiero invitarle a reflexionar sobre el blanco al que apuntan sus dardos, pues creo que sus diferencias con autoridades del Ministerio de Educación no tendrían que obnubilarle juicio al extremo de estrellarse contra las organizaciones indígenas.

Un tercer elemento a considerar es el tema de la normalización lingüística, sobre el cual Victor Hugo Quintanilla asevera lo siguiente en el artículo citado: “En nuestro medio al parecer, los imaginarios normalizadores de las lenguas nativas han obviado la pregunta de quién o quiénes deben normalizar una lengua. Tampoco han considerado la competencia lingüística y otros requisitos necesarios para la normalización de una lengua de tradición oral. Los pretendidos ‘técnicos’ y algunos entusiastas dirigentes de turno de los llamados CEPOS se atribuyeron y asumieron este enmarañado y espinoso labor de normalización, con la sola condición de hablantes de la lengua. De hecho, la condición de hablante de una lengua no faculta ni garantiza una empresa de tan delicada y magnitud…”. Coincido plenamente en que la normalización de una lengua exige la participación de dos tipos de actores fundamentales: los hablantes, que son propiamente los dueños del idioma, y los especialistas, es decir los lingüístas que han estudiado a fondo temas generales y específicos sobre la lengua que se pretende normalizar. Pero no veo de dónde sacó la idea de que técnicos y directivos de los CEPOs asumieron por sí solos la tarea de normalizar la lengua, apelando únicamente a su condición de hablantes. ¿Cómo puede afirmar semejante cosa si bien sabe él que los CEPOs propiciaron la creación del Instituto Plurinacional de Estudio de Lenguas y Culturas, así como los Institutos de Lengua y Cultura para cada nación, con el propósito de contribuir a que se normalicen las distintas lenguas originarias con la participación, justamente, de los actores mencionados? ¿Tal vez, según Quintanilla, habría que dejar que intereses ajenos al futuro de las lenguas originarias prolonguen por más décadas los debates que han paralizado hasta ahora las decisiones más importantes sobre su escritura, como sucedió hasta ahora con el aimara y el quechua? ¿Conoce algo este autor sobre las lenguas originarias de tierras bajas y el peligro de extinción al que están expuestas? ¿Sabe al menos algo sobre el Diccionario etimológico y etnográfico de la lengua guaraní hablada en Bolivia (guaraní-español) (2011), que tuvimos a bien  escribir junto a Elio Ortiz? Le aseguro que este trabajo no es fruto del entusiasmo, sino del esfuerzo de muchos años recorriendo nuestras comunidades para recoger las palabras y trabajar en su etimología. Y, aunque usted no lo crea, comenzamos simplemente con nuestros conocimientos de hablantes de la lengua guaraní, en el camino fuimos aprendiendo los pormenores de la lingüística, recibiendo el apoyo de académicos e intelectuales que, en lugar de frenar la iniciativa y dudar de nuestra capacidad, nos alentaron siempre a seguir adelante. Quiero aconsejarle a usted seguir este ejemplo y, en su calidad de intelectual quechua, apoyar con sus conocimientos académicos a los dirigentes jóvenes y adultos de las comunidades de la nación quechua para que escriban, propongan ideas, realicen aportes, sin temor a equivocarse. Cuando el papel habla, así se entiende.
 


*Escritor es guaraní.
[1]Proverbio guaraní tomado muy acertadamente por Cinenómada, disponible en el siguiente enlace: https://www.facebook.com/post.cinenomada?fref=ts, 14 de septiembre de 2013.
[2] El artículo está disponible en: http://www.bolpress.com/art.php?Cod=2013091801.
[3]Probablemente tenga más relevancia para el señor Quintanilla, quien, en el afán de criticar a las autoridades estatales, no duda en dañar a organizaciones de los pueblos indígenas, pensando tal vez de manera ilusa que está dañando a sus rivales políticos al interior de su partido, el Movimiento al Socialismo (MAS).
[4] A veces, el dictar clases en las aulas nos puede volver miopes frente a la construcción social de la realidad y, por lo tanto, a apreciaciones sesgadas.
[5] Este proceso comenzó con el mandato del Congreso Educativo Nacional de los Pueblos Indígenas Originarios (2004), cuyos análisis y conclusiones fueron  recogidos en el libro Por una educación indígena originaria. Hacia la autodeterminación ideológica, política, territorial y sociocultural (conocido como el “libro verde”). En ese congreso se conformó el Bloque Educativo Indígena Originario compuesto por las cinco organizaciones matrices de las naciones y pueblos indígenas originarios. Su creación fue la  estrategia política planteada en ese período y fue esta instancia la que canalizó políticamente la incorporación de la propuesta educativa en el anteproyecto de la ley de educación, así como en la Asamblea Constituyente y, posteriormente, en la Constitución Política del Estado Plurinacional. Entre otras propuestas podemos mencionar la Ley general de derechos y políticas lingüísticas, los currículos regionalizados, la creación de los Institutos de Lengua y Cultura, etc. Con ello, ciertamente, el debate sobre la normalización de las lenguas dejó de ser un tema de propiedad exclusiva de un grupo reducido de académicos y pasó a ser debatido en los espacios donde se expresan los hablantes de cada lengua.
FEUNTE: http://www.erbol.com.bo/opinion/guarani/cuando_el_papel_habla

lunes, 12 de agosto de 2013

YVY MARAÊY

Una introspección al mundo guaraní. Aguno de los actores:

Juan Carlos Valdivia    ...                  Andres Caballero
Elio Ortíz                       ...                  Yari
Felipe Román               ...                  Pitacara
Francisco Acosta          ...                  Tengua
Diego Picaneray           ...                  Oji
José Changaray           ...                  Susano
Carla Arana                  ...                  Naty
Luciano Goméz            ...                  Huaypa
Alfredo Sánchez          ...                   Vicente
Filomena Viveros       ...                   Irandai


La nueva película de Valdivia, un viaje por el mundo Guaraní
El director de películas como “Jonás y la ballena rosada” (1995), “American Visa” (2005) y “Zona Sur” (2009), habla también de su nueva producción, “Yvy maraey”, que en guaraní quiere decir “Tierra sin mal”, el resultado de seis años de viajes por el Chaco en Chuquisaca, Tarija y Santa Cruz y que se presentará en septiembre.
Comenta que cada proyecto en el que trabajó reflejó un momento determinado de su trayectoria y que “Zona Sur” respondió justamente a eso, la decisión de romper con ciertas estructuras de su pasado y hablar de lo que estaba pasando en Bolivia, elaboró así una suerte de retrato del país en ese momento.
Sobre “Yvy maraey”, Juan Carlos Valdivia afirma que es el proyecto más grande de su carrera y que pudo materializarse en coproducción internacional con México y Noruega.
“Creo que hay una continuidad desde ‘Zona Sur’, es una película también muy personal; una visión muy personal de nuestro país hoy. Empecé a viajar por el Chaco desde 2006 y quedé impactado, enamorado de la cultura guaraní y de las tierras bajas. Quizás me atraen los territorios un poco vírgenes, creo que el Chaco es todavía desconocido para los bolivianos, la gente lo ve muy lejano cuando en realidad no lo es”, comenta.
Valdivia trabajó el guion, asumió la dirección y también aparecerá representando uno de los papeles protagónicos. De la trama por ahora sólo se conoce que trata de dos personajes, un karai (blanco) y un guaraní, que emprenden un viaje desde La Paz hacia el Parque Nacional Kaa Iya del Gran Chaco.
¿Hay algún compromiso social en este proyecto? Valdivia afirma que efectivamente es así, pues en su experiencia pudo recoger toda la sabiduría y sensibilidad del pueblo guaraní. “Por supuesto, es una película en la que he recogido toda la filosofía guaraní; yo creo que hubiera sido imposible hacer la película sin las vivencias que tuvimos, y sin todo lo que han compartido conmigo en las noches de mirar las estrellas, en las fiestas, en las largas ocasiones de escuchar sus historias. Traté de traducir todo esto en una experiencia cinematográfica de primera mano”, resalta.
Esta película forma parte también del proceso reflexivo creativo por el que transita Valdivia, como él mismo afirma: “Tenemos mucho que hacer, a mí me sorprende muchísimo que un país donde estén pasando tantas cosas, no estemos produciendo un cine más interesante”.