Escribir sobre el Padre Tarcisio Dino Ciabatti (1935-2025), más conocido como “Taturapua” (Armadillo) en el mundo guaraní, nos llevaría a armar un libro de muchas páginas. Una tarea que, esperemos, pronto hacerlo.
Hoy nos llegó la noticia de que Taturapua,
de 89 años, partió al Ɨvɨ Maraëɨ (Tierra sin mal). Su legado nos queda como
referencia para seguir caminando en aras de fortalecer el yaiko kavi päve (para
vivir bien) entre lo espiritual y material.
Taturapua fue impulsor de muchas
iniciativas, de las que podemos destacar: la Escuela de Salud “Tekove Katu”, el
Convenio de Salud entre el Vicariato Apostólico de Camiri y el Ministerio de
Salud, la Red de Laboratorios del Chaco, investigaciones en salud con la
Universidad de Florencia (Italia), la Orquesta de música de Palmarito y Santa
Rosa de Cuevo, y su apoyo permanente a la Asamblea del Pueblo Guaraní “Yemboatɨguasu”
(APG).
Aún no podemos albanar las ideas
con los sentimientos y con las palabras para escribir lo que significó Taturapua
en lo personal. Pero, para tener una idea de quién fue Tarcisio, ahí les dejó
lo que escribimos el 2009 con Elio Ortiz (cherɨkeɨ – mi hermano mayor) en el
libro “Tekove katu. Educación en salud en el Chaco boliviano”:
"... Tarcisio Ciabatti se ubicó en una parroquia pequeña de población blanca y mestiza (Gutiérrez), pero demográficamente minoritaria con respecto a la extensa población guaraní que la rodeaba. Si bien ‘técnicamente’ figuraba casi siempre como párroco de este antiguo pueblito karai, su apego al guaraní marcó el rumbo de sus emprendimientos. Escogió a Ipitacito del Monte como su ‘centro de operaciones’ y punto de irradiación de la renovada visión eclesial sobre el guaraní y su mundo étnico.
La imagen que proyectaba Tarcisio ya no era la de aquel misionero de hace dos o tres siglos: intolerante, etnocéntrico y etnocida, sino exactamente lo contrario, la de ser, sobre todo, altamente revolucionario y defensor de los derechos colectivos, hasta el extremo de que intentó vivir en la filosofía guaraní.
A diferencia de Siquier, éste prefirió centrar su atención en algo más concreto, la problemática de salud, o en todo caso, hacer del tema “salud” un motivo importante de generación de ideas o de construcción ideológica; lo que después llegaría a concretarse en la compleja arquitectura, hoy llamada Tekove Katu. Es más, a diferencia de Siquier que se inclinaba más por la “cultura”, Tarcisio es más socialista que culturalista; su visión claramente revolucionaria y contestataria lo llevó a ser muy influyente en la dinámica política de la APG y en los momentos más determinantes de su historia; fue el que más ministros y funcionarios estatales atrajo a los guaraníes a través del sistema de salud, el que más movilizaciones sociales y políticas apoyó con “su gente” (enfermeros y estudiantes de la Tekove), el que más aportó en las alianzas estratégicas entre grupos sectoriales, etcétera. Llegó a comprender muy bien la dinámica sociocultural, y supo aprovechar sus potencialidades, involucrarse, dejarse entender, compartir sueños e ideales y ajustarse a la dinámica del grupo.
Sus mejores armas fueron en su inicio los jóvenes enfermeros (medianamente formados en cuanto a técnica, pero muy bien armados en lo ideológico) que actuaron durante los años ochenta y noventa como verdaderos “diseminadores” de las nuevas ideas. Ellos participaron activamente en la histórica marcha indígena de 1990 (algo inusual para el guaraní de entonces), encabezaron los principales movimientos nacionales y se convirtieron en verdaderos portavoces y co-gestores de las iniciativas filosóficamente gestadas en el núcleo ‘tarcisiano’.
Pero algo que a Tarcisio lo hace único y que va más allá de la simple convicción y entrega es el Tarcisio humano. Esencialmente, es un sujeto polifacético e imposible de definir con palabras; pero lo que más resalta en él es su paciencia singular, su capacidad de tolerancia (admirable), su sencillez y su jovialidad, su destreza para construir amistades, la flexibilidad extraordinaria que tiene, su habilidad para adaptarse al tiempo y a las circunstancias, su carisma, su poder de convencimiento, etcétera. Todo aquello que en parte lo asemeja mucho al guaraní y que hizo que se integre bien en todo y en cualquier rincón de la sociedad guaraní. Ésa quizás sea su mayor virtud, probablemente la médula esencial de su Tekove, el avanzar al ritmo de la gente y como la gente quiere.
Tarcisio es conocido como el interculturalista. La talla intercultural de la Tekove es la medida exacta de Tarcisio Ciabatti, cura, amigo y un “taturapúa” (armadillo, nombre que le fue otorgado en señal de aceptación social), en discurso y practicidad. Es casi imposible hablar del tema sin la figura de este personaje. Tarcisio comenzó siendo interculturalista aun sin que la palabra y la definición existiesen, con eso de que él llama “la astucia…”, que consistía en comenzar primero formando a los karai y luego pasar al bando guaraní y consolidar un grupo ‘especializado’ en atención primaria de salud de la época.
El primer grupo étnico con el que el mundo guaraní tomó contacto, vía Tarcisio, fue el guarayo (parcialidad sociolingüísticamente más afín al guaraní o como ellos mismos autorreconocen, como “parientes cercanos”), incluso antes de la consolidación de la APG (durante los años setenta). Los flujos de relación entre estos dos pueblos ya daban buenos indicios. Por ejemplo, cuando comenzaba a gestarse la (CIDOB) Confederación Indígena del Oriente Boliviano fueron los guarayos los aliados más decisivos de los guaraníes. A fines de los ochenta y principios de los noventa, el nombre de José Yobanore (guarayo) comenzaba a sonar muy fuerte en la región
de Gutiérrez. Se trataba de un
joven de profesión radiotécnico que, por la amistad con otros guaraníes, llegó
a esa región para convertirse luego en el prototipo ideal de guarayo (que no se
diferenciaba en nada de los guaraníes más que en el hablar). De esta manera, se
rompió la estereotipada percepción que los guaraníes tenían de éstos. Yobanore
se convirtió en el primer nexo de conexión entre dos pueblos. Como él mismo
sostiene, “En el fondo, todos los indígenas de las tierras bajas comparten algo
en común en el plano cultural…”: la cosmovisión, el sistema social, el complejo
simbólico, etcétera. Poseen la misma cultura, aunque en su forma externa y en
los rituales difieran un poco. A eso sólo hay que agregarle el componente salud
y las necesidades básicas de acceder a ésta. Esta experiencia de integración de
los guarayos pasó a los chiquitanos, luego a los mojeños y a los trinitarios;
hasta que llegó a dar con los andinos amazónicos.
Asimismo, se puede apreciar en Tarcisio un “olfato de zorro”. Esto puede apreciarse en la elección que hizo en cuanto a la oferta de servicios educativos en salud. En materia de salud, se trataba simplemente de saber en qué se puede ser útil al “amigo” que tienes en frente, y Tarcisio encontró eso: la salud pública.
Pero había algo más: Tarcisio poseía la formación y poseía experiencia en el ramo. El camino entonces fue la “salud”, pero más importante aún fue saber cómo hacer para ayudar mejor, lo que implica, adentrarse a la realidad misma, para entender cómo concibe el guaraní la administración de la salud. Asimismo, apreciamos en él una gran capacidad de gestión y de relacionamiento con los demás, ya sean personas o instituciones. Lo explicamos con tres características que destacan de él: En relación con la organización, Tarcisio afirma que “Nada es posible sin la organización” y el pueblo guaraní de aquella época lo necesitaba, eso lo convirtió en el impulsor más importante de la organización en su región y, por si fuera poco, de la APG nacional. Ha demostrado una gran capacidad de hacer amigos. Es amiguero como ninguno, pero es un hombre que sabe escoger a sus amigos: dirigentes, personajes importantes, ancianos, jóvenes, mujeres, etcétera. Para Tarcisio, la conquista entra por la boca… Entrar a su casa es como entrar a la casa de cualquier otro guaraní; no mezquina nada, ofrece todo lo que tiene y no mide. “Yo, cuando tengo hambre me voy a visitar a Tarcisio” (E.C. dirigente de la APG). Culturalmente, el guaraní es convidador de lo que se come, lo mejor que se puede dar a un amigo es la comida. Tarcisio entendió eso...".